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           LA SEMILLA DEL DIABLO 
 



   No es fácil ponerse en la piel de quien ha perdido un ser querido, así, por las buenas, de la noche a la mañana, porque alguien, en nombre de un ideal o de un dios, le pega un tiro en la nuca o pone una bomba en un tren o donde sabe que hay mucha gente.
   Si ese canalla supiera el daño, el desgarro que deja en los vivos allegados… Le tenían que hacer a ellos lo mismo, ¡mamarrachos! para que supieran lo que duele ¡a lo mejor se le quitaban a muchos las ganas de dar tiros en la nuca! Pero claro, ¿quién le pone el cascabel al gato?
   A la persona que asesinan no sólo le quitan de un plumazo los recuerdos que tenga, sino también los que aún no ha tenido, ni ya no tendrá nunca, y a los vivos más cercanos es como si los mataran en vida, en definitiva, es igual que si mataran dos pájaros de un tiro.
   Si ese tipo de pajarraco córvido supiera… o quienes los alientan intelectualmente concibieran un instante en su mente la traición profunda que practican, no ya contra esta o aquella persona, que tiene nombre y apellidos como ellos, sino contra la raza humana en general, sentirían un profundo desasosiego, porque esa vida que quitan es única e irrepetible, como sería la suya si se quedaran petrificados o convertidos en estatuas de sal cuando cavilan la muerte de los demás.
   Quiero matizar lo de que “alientan intelectualmente”, porque el intelecto es el dios de la inteligencia y por tanto es la gran sacerdotisa de la razón y de la creatividad humana, por eso debo decir mejor que “alientan ideológicamente”, pero teniendo muy en cuenta también, que el ideal, aún siendo a veces la consecuencia lógica del intelecto, cuando para conseguirlo hay que cercenar la vida o la libertad de otros, queda vacío de su hermoso contenido semántico, y se convierte en esa siniestra mujer, detrás de la que va burlándose Don Félix de Montemar, para tomarla por esposa, en “El estudiante de Salamanca” de Espronceda.
   Mucho me temo que la ceguera sea el baluarte del terrorista. “El Estado de Derecho” no puede estar ciego como los “dinamiteros asesinos” o “los nuqueros de turno”, sin embargo, sin comparar “el problema vasco” con “el problema alemán” o “el italiano” de años ha, sí hay que decir que en Alemania y en Italia no se habla hoy día de terrorismo de “Las Brigadas Rojas” ni de “qualsiasi” otro parecido. “El Estado de Derecho” tiene que velar por que se cumpla “El Imperio de la Ley”. Pero también es cierto que la política antiterrorista la tiene que dirigir el gobierno que ostente el poder, y que la “Ley de Partidos Políticos”, la tienen que aplicar, de oficio, los jueces.

   Con el único colectivo que no se debe jugar es con el de las víctimas, porque como dijera el poeta acertadamente:

                Una garra me hizo una herida,
                y su desgarro fue peor,
                que perder el hilo la vida”.

   A las víctimas nadie puede devolverles las vidas de sus seres queridos, y con ellos, las alegrías o las tristezas que la zarpa demente y criminal les arrebató, pero vaya hacia esas víctimas, a veces manipuladas políticamente, la solidaridad y el afecto de todos los bien nacidos, en este tremendo aniversario, cuya masacre, semilla del diablo, yo al menos, no puedo quitarme de la cabeza. Ayer por la tarde, sin ir más lejos, cogí un tren de cercanías en Atocha, como lo había cogido un día antes del fatídico 11 de marzo del 2004.


 

 
 
 Alfonso Toribio       
 11 de marzo de 2006