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 EL QUE NO TENGA PROBLEMAS
QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA
 
 


   Esta fue la crítica que me hizo uno de mis lectores este verano, donde dejó entrever la mala uva que yo ya le suponía, y con la que creo trata de tapar lagunas serias de personalidad. El, para ser alguien, necesita vivir en el reino de Baco: el alcoholismo es su espada de Damocles… y en Mister Hyde convertido:
   -Leo todo lo que escribes en la página. Le he comentado a (aquí nombra a su mujer), “Alfonso tiene problemas” (mala uva). Pero bueno, no está mal lo que escribes, en general- esto último lo deja caer como si fuera una autoridad en crítica literaria.
   Esta fue la crítica de un preuniversitario, aunque inocente de él, presume de haber pisado la universidad, cosa que no discuto (Millán Astray la pisó también cuando dijo ¡Viva la muerte! ¡Abajo los intelectuales!). El único título que ostenta, es el de preuniversitario… bocazas. Yo suelo callarme cuando oigo hablar a este tipo de catedráticos populares que entienden de todo lo importante.
   El “PREU”, era el equivalente al “COU” que hice yo antes de mamarme cinco años de carrera, y también equivale a “Segundo de Bachillerato” actual.
   Hasta ahí habíamos tenido una conversación más o menos amena, sin embargo, al oír su mala uva, no me quedó otro remedio que contestarle, en el mismo tono de mala uva, a lo de los problemas:
   -Así que de eso hablas con tu mujer en la cama, de los problemas de Alfonso- dándole a entender lo entretenida que debe que ser su vida amorosa; y me fui a cenar unos pimientos fritos.
   -¡Sabe Dios!- le oí decir mientras me iba.

   El sabe que yo en el fondo valoro lo que fue, cuando fue de verdad algo grande, pero si se critica un texto literario hay que dar razones literarias, y no desinterés apasionado o insultos que siempre pueden traer cólicos o gresca, circunstancia a la que no me suelo rebajar, si no se da la talla, porque con un mínimo tan mínimo en los quehaceres quevedescos y gongorinos como el que se me ofrece por parte del preuniversitario, sólo puedo decir “Dime qué criticas, y te diré de qué careces”.
   Sin embargo, siento que no me puedo resistir a soltar amarras, igual que un niño no se puede contener, a la hora de recibir un juguete, de abrirlo.
   Ahí va pues, esta flor de criticona, que como el relato “Don Juan en su tinta”, rinde homenaje a los clásicos. Espero que sea flor con espinas y sin aroma para el interesado, aunque es princesa en imágenes metafóricas y alguna imagen que otra más; y disfrute alegórico de una caverna sombría, para el lector medio, espero sea también.
   Me estoy acordando ahora de la letrilla que Quevedo le dedica a la vieja desdentada. También alguien, mucho más joven que la viejecita de Quevedo, se merece, por qué no, una hermosa letrilla de letrina cutre, pero en modo libre. Espero que la sepa apreciar, quien es su destinatario, si no puede literariamente, al menos, literalmente hablando, claro, que si de lo primero carece, lo segundo le falta:

         Tú, que de Mister Hyde un día te las das psicólogo,
         Y opinas, catatónico, de lo humano y lo divino,
         Al otro, en Doctor Jeckill te convierte el agua,
         Y demasiado humano se te ve caminando,
         Y Flojeas virutas de trapo por los labios hundidos,
         Y buscas dientes de sierra en la cabeza.

         Tú, que eres aprendiz de mochuelo, papilla y leche,
         Problemas has en el cieno donde te falta el marfil,
         Pues allí la “d” y la “t” no son tus hermanas,
         Y se quejan huérfanas y asoladas, cuando te levantas,
         Antes de recoger la madrastra de un mar en calma.

         Amigo a la fuerza es tu paladar de la plata y el oro,
         Y también éste se queja de cómo mueves la calavera
         Mientras serpentea un extraño esqueleto en su caverna,
         Que ni saborea, ni se deleita.

         Para problemas, los tuyos, que fosas tienes
         Donde tuvieras los mordiscos por emblema.

         A quien nunca me gustó como locutora,
         Y que es quien contigo se acuesta, y cagada se levanta,
         Cuéntaselos, tus problemas, con tu emisora rayada,
         Y no le cuentes los ajenos, porque los tiene en casa,
         Que los míos, yo los mastico, por ahora con dientes,
         Y con agallas mordisqueo un hueso como el tuyo.

 
 Alfonso Toribio (Septiembre/2005) 
  PD 1: Tuve un correo anónimo este verano donde se ponía verde todo lo que escribo en la página. “Bazofia de escritura” era uno de sus de sus piropos más suaves. Como este cretino, que escribe “pájina” con “j”, no da la cara, y se esconde en el anonimato de un cibercafé, yo, sin embargo, aquí lo espero, sentado, y como decíamos de pequeños, comiendo un huevo… Me imagino quien es. Su ideario comulga con Hitler. Sólo le digo una cosa, como asome el gaznate, le dejo caer la hoja de la guillotina, cibernéticamente hablando, claro está.

PD 2: De todas formas, vuestros comentarios, en su gran mayoría, son positivos, aunque hay algunos, que no siendo tan positivos, están razonados y son constructivos, yo los acepto y los respeto, porque de ellos también se aprende, pero lo que no tolero es el insulto, porque el insulto es tan elemental como el serrín que lo produce, siendo, así mismo, el recurso fácil de quien carece de ingenio y no se da cuenta que, “En boca cerrada…”.