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 FIESTAS, FESTEJOS Y TORILES 
 


   Se puede aseverar o afirmar sin equívoco, que son, julio, y en especial agosto, los meses en los cuales arde Troya en eso de las fiestas patronales… de las que es continente España, nunca mejor denominada, como en este caso, “Tierra de piel de toro”, porque son los toros los que hacen de verdad que las fiestas de mil y un pueblos sean… eso, es decir, auténticas fiestas.
   La misa mayor en honor del patrón o de la patrona de turno, puede ser más o menos vistosa, o incluso muy vistosa, pero sin el condimento de los toros, los susodichos festejos patronales son como un cauce sin agua, una tierra desértica, un biberón sin leche y el niño llora, un rosario de la aurora, y etc y etc …

   Los toros son pues, en el suelo hispánico, para muchos, la salsa de la fiesta, el meollo de la cuestión, el otro pelo que tira más que cien parejas de bueyes, el alma máter, adrenalina pura, la tradición ancestral, La Pica de Flandes, teta de novicia… todo eso y más… Sin embargo, algunos piensan que no dejan de ser, los toros, un espectáculo más o menos deplorable, un orgasmo fatuo de sangre y sufrimiento donde el encono humano se hace otra vez patente.
   Yo pertenezco a esa inmensa minoría que piensa que los toros no son otra cosa que un festival de dolor color rojo, y deploro la falta de imaginación de la masa o de lo gregario, quien para tener algo de gustillo social se asocia al dolor de un animal ancestral, como es el hoy llamado toro de lidia, cuya existencia va unida a la orgía de sangre de la que es protagonista y víctima a la vez, porque de otro modo, sería un anquilosado animal polvoriento del libro de Petete de Cossío, si obviamos las magníficas estampas taurinas del aragonés universal que es Goya, cuyo pincel era tan grandioso e influyente, que en nuestros días aún se celebran corridas llamadas “goyescas”, supongo que debido a su genio sin mesura, y por supuesto, en su honor.

   Los toros son ante todo una tradición ancestral. Griegos y romanos ya tentaban su bravura exponiendo sus vidas, e incluso los primeros tomaron parte de su anatomía, en este caso su cabeza astada, y, decapitándolo antes, se la injertaron entre los hombros a un humano. A aquel ser lo llamaron “Minotauro”, el cual lidió y mató en el mítico dédalo de Creta , con la inestimable ayuda de Ariadna, el entonces príncipe Teseo. El dédalo aquél tenía como propietario al rey Minos, padre a su vez de la antes nombrada Ariadna, cuyo nombre me chifla; el mismísimo Zeus, Júpiter para los habitantes de las orillas del Tíber, se disfrazó de toro para robar a Europa.

   Grandes pasiones han nacido entre “fembras”, de la farándula “coplil” sobre todo, y afamados toreros de cartel… y lo que te rondaré morena, pues parecen prototipos creados a medida para yacer encandilados en el lecho, y si amanece y él ve que “la piba” está despierta, volverla a saciar en una luna de miel interminable es lo suyo, teniendo como telón de fondo la mirada yerta de los ojos de la cabeza cornuda, casi seguro, que de un victorino.
   El torero Luis Miguel Dominguín, hombre prácticamente analfabeto, como casi todos los toreros y los mortales de su tiempo, tuvo un romance sonado con la actriz Ava Garner, que estaba como un tren. Este lidiador o espada debía tener unas facultades “casanovescas”… insuperables para sacarle reales suspiros ardientes en su cama a mujeres que los demás sólo podían soñar en el celuloide… y claro, no es lo mismo tocar pelo que imaginarse que se toca pelo. Para tocar pelo de famosas se tenía que ser torero, y al parecer no un torero cualquiera, sino un matador con un temple especial.
   El mismísimo Manolete tenía un romance sonado, si no recuerdo mal, con una mujer del espectáculo, con la que había planeado casarse si un toro en Linares no lo hubiera mandado para el otro mundo una tarde aciaga.

   La literatura se enorgullece, concretamente la lírica en este caso, de poseer, relacionada con la tauromaquia, una de las mejores elegías escritas en el castellano de todos los tiempos, se trata del “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”.
   Menos lírico es lo que ocurrió en mi pueblo al término de las fiestas patronales en honor de “la más señora de todas la putas” y de “la más puta de todas las señoras”, como dice Sabina en una de sus canciones, y que no es otra dama que la Magdalena.
   Ese es el motivo o inspiración primaria para escribir esta crónica: las fiestas patronales de mi pueblo.
   En mi pueblo, como en la inmensa mayoría, (dicho se ha ya al inicio) si no hay toros, la fiesta mengua. Resulta que una vez terminado el último festejo taurino, cuatro toros quedaron en los reducidos chiqueros de la plaza portátil, cuatro días, a cincuenta o sesenta grados de temperatura, sin comida, y sin poder beber agua como Díos manda, algún alma caritativa se la echaba por encima y ellos trataban de beberla a lametazos. Este acto desalmado, propio de alimañas, tiene que tener culpables, y a estos culpables había que haberles hecho lo mismo que ellos le hicieron a los novillos, es decir, había que meterlos cuatros días en un lugar reducido, a cincuenta o sesenta grados de temperatura, sin comida, y con el agua que pudieran tragar a lametones.

   Dejo a vuestro libre albedrío el que meditéis lo bonitos que son los toros en algunos pueblos, y la estética macabra con divisa sin igual, que entre bambalinas se deja entrever en todos.

 
 Alfonso Toribio      
 agosto 2006