| |
El tiempo aturde, socava cimientos,
inhabilita recuerdos, y provoca
la parsimonia sin exégesis
del eco luctuoso de los inocentes.
Quien quiera una violeta pura
que no la busque en primavera,
que vaya al cementerio,
que clave un grito en la tierra
violada...
en la roja e inútil tierra habitada,
sembrada con los que
cayeron.
Cabalga, que no corre, la sangre
por los vivos y su herida.
Cabalga por sus sienes un martillo,
un destripado tren
cabalga,
que es patria de una madre,
de una hermana o de un hijo.
Rabia es lo que queda en el alma,
y en mi puño,
toneladas de impotencia tengo,
de afilados dientes, o de garras
que derramarse quisieran...
| |