Cuando admiras el porte de un personaje de El Maderal, te está revelando la elegancia de
su alma, con un hondo bagaje incapaz de conocer de dónde viene y hacia dónde se dirige,
mas sintiéndose rey de algo muy grande e inescrutable, su hermoso corazón, cuyas sabias y
arrebatadoras maneras seducen y entusiasman a sus paisanos y embrujan y embelesan a los
foráneos, pues no hay mayor orgullo que sentir la tierra de La Villa abrasándote las
entrañas y poderlo expresar con el espíritu que cada cual enarbola en sus mágicos ojos, en
su endiablada figura o en su maravilloso hacer, que quienes por aquí pasaron, quienes aún
estamos y los que vendrán, somos la majestad de un pueblo que no se abarca con nada,
porque su grandiosidad la poseen en igual medida sus poderosos hijos.
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