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Los ajeros preparan el producto, esta campaña excelente, que venderán en la feria de Zamora el fin de semana, más de un millón de kilos.
CELEDONIO PÉREZ. Las imágenes de esta página se repiten -con otras caras, claro- estos días en muchos pueblos del sur de la provincia, más en la Guareña, pero también en localidades de Tierra del Vino y Tierra del Pan. Vecinos -sobre todo mujeres- de Villabuena, La Bóveda de Toro, Entrala, El Perdigón, Andavías, Fuentespreadas, El Maderal, Cuelgamures, Fuentelapeña..., se afanan en trenzar ristras de ajo a la máxima velocidad que dan las manos. Este año más a la carrera que nunca porque el tiempo húmedo de abril, mayo y principios de junio ha retrasado la maduración de la planta lilíacea y ha habido que apurar hasta última hora antes de arrancarla. Está costando más tejer las ristras, ya que las hojas aun están verdes y ofrecen más resistencia a ser domeñadas por las manos artesanas.
Porque artesanía es «enristrar», un oficio que se transmite en los genes de familias que han tenido en el cultivo del ajo una fuente de ingresos que ha ayudado a mantener saneada la economía familiar. Las cabezas son la parte más importante de la ristra; tienen que aparecer visibles en la maraña de la farfolla, a poder ser relucientes por blancas. Y gordas, cuanto más mejor. Destreza es unir los tallos, entrelazarlos para que no se caigan y puedan conformar un cuerpo, que permita pasar el aire para que el secado del fruto sea lo mejor posible. Porque ese es el secreto de que esta hortaliza bulbosa dure sana muchos meses y pueda consumirse después de un año de ser recogida. Cuanto más seca, mejor.
Ese puede ser el problema esta campaña. Que todos los ajos van a ser de regadío, por la abundancia de lluvias en primavera. Habrá que tenerlos más horas que nunca al sol y colgados en las terrazas resguardados de la lluvia.
La cosecha de este año es muy abundante, seguramente de récord. Por eso los ajeros van a llevar a la feria de Zamora más producto que nunca, más de un millón de kilos se repartirán en los 383 puestos -30 más que el año anterior-. El certamen de San Pedro es el gran escaparate de este producto. Goza de reconocida fama por la calidad del producto, mejor que el de las Pedroñeras -el más conocido- y a años luz de los ajos chinos.
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