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   LA OTRA 'VÍCTIMA' DEL 11-M  
 
 

Ahmad Mardini muestra el auto de libertad dictado por el juez en 2001 / Foto El País 13.02.2008.
Ahmad Mardini, natural de Siria y casado con una zamorana, gana un pleito contra una productora y un canal de televisión que publicitaron su imagen como miembro de Al Qaeda.


A Ahmad Mardini le cambió la vida con el 11-M, aunque no sufriera ni un rasguño por las bombas de las estaciones de tren. Lo que sufrió Mardini, un español de origen sirio casado con una zamorana de El Maderal, fueron las consecuencias de un error policial magnificado por algunos medios de comunicación con pocos escrúpulos. El rostro de Mardini salió entre los colaboradores de Osama Bin Laden detenidos en 13 de noviembre de 2001, pero a pesar de que fue puesto en libertad sin cargos pocos días después, perdió su trabajo como repartidor de Coca-Cola y siguió apareciendo en los DVD comerciales y en programas de televisión como presunto (y peligroso) terrorista. Ahora acaba de ganar un pleito de 75.000 euros a una productora y una televisión autonómica e intenta reorientar su vida.

CARLOS GIL. Ahmad Mardini ha vivido una experiencia parecida a la que Kafka relata en su "Proceso", pero no en un libro, sino en la realidad. Los investigadores policiales de los atentados del 11-M pusieron el punto de mira sobre Mardini porque había traspasado un local a unas personas que resultaron vinculadas a los yijadistas autores de los atentados de Madrid. El resultado es que fue detenido el 13 de noviembre de 2001, encarcelado en los calabozos de Canillas y, tras cinco días de interrogatorios, incomunicado, fue trasladado a la Audiencia Nacional. El juez Baltasar Garzón lo deja el libertad sin cargos, pero su imagen sale en los medios de comunicación como uno de los ocho miembros de Al Quaeda que habían ingresado en prisión. Con el auto de libertad, la pesadilla de Ahmad, casado con una zamorana de El Maderal y padre de tres hijos, lejos de acabar, no había hecho sino empezar.

De momento, perdió su trabajo como repartidor: le dijeron que le pagaban todo el contrato pero que no volviera a aparecer por allí. Luego tuvo que explicar a sus amigos y vecinos de San Martín de la Vega, localidad cercana a Madrid, que su único pecado fue vender su tienda de decomisos a Osama Darra y Mohamed Needl, unas personas a las que no conocía de nada y que resultaron dos de los condenados por colaboración con Al Qaeda. «Lo malo es que todo lo que sale en la tele y en el periódico lo traga la gente sin más, y hubo un error policial muy gordo. Yo he vendido mi local a unos señores que eran mujaidines. Traspaso el establecimiento y la Policía, como yo era de origen sirio, pensó que podría tener algo que ver con ellos. Entrar en la Audiencia Nacional es muy duro y los medios de comunicación se han apoyado en este hecho para decir que era un terrorista y tenía que ser sospechoso». E incluso cuando ya se conocía el error, una productora, de El Mundo TV realiza un documental "11M, historia de un atentado", donde aparece durante más de un minuto la foto de Mardini con su nombre e identificado como propietario de un refugio de los terroristas. El documental se emite en varias televisiones autonómicas e incuso en el programa "El Debate" de Telemadrid se difunde la imagen de Ahmad a cámara lenta y con su rostro retenido en varias ocasiones. Es lo que motiva la denuncia del sirio nacionalizado español, al que un juzgado de Valdemoro ha dado la razón, obligando a la productora y la televisión a indemnizar respectivamente con 60.000 y 15.000 euros al ciudadano inocente por intromisión ilegítima en su derecho al honor y su propia imagen. La sentencia está recurrida en la Audiencia Provincial de Madrid, por lo que Ahmad aún no ha cobrado la indemnización.

Ahora intenta reencauzar su vida. «Estoy mal, aunque gracias a Dios y por mediación de un amigo he conseguido trabajo a tiempo parcial como conductor de un camión. Antes tenía un trabajo mejor, pero gracias a esos señores lo perdí». Ahmad no es amigo de hablar con los medios de comunicación «porque me duele reabrir heridas», aunque ayer tuvo una deferencia para con el periódico de Zamora, debido a la estrecha vinculación que le une con El Maderal, localidad que visita frecuentemente y donde asegura sentirse «muy a gusto, porque es un pueblo muy bonito y tranquilo». Allí tiene además familiares de su mujer. Ahmed, llegó a España a los 18 años (hoy tiene 57), a estudiar una carrera en los tiempos del tardofranquismo, muy convulsos para la universidad. No acabó sus estudios y empezó a trabajar en informática. Ni sospechaba entonces que iba a protagonizar una historia tan auténticamente kafkiana.
 

 La Opinión de Zamora, 13 de febrero de 2008