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El hijo de la fallecida, que prepara una demanda judicial, denuncia además negación de auxilio y falta de transporte sanitario.
Florencia Toribio Sevillano, de 78 años, sintió un cansancio enorme sin causa aparente el pasado 30 de octubre cuando llevaba unas flores al cementerio de El Maderal. Esa misma tarde volvió a sentirse mal y sobre las 20.00 horas se dio aviso al centro La Guareña. Poco después recibió la visita del primero de los tres médicos que le atenderían en su domicilio en las siguientes 72 horas. Todos ellos coincidieron en el diagnóstico de gastropatía funcional, ya que la paciente tenía dolor abdominal acompañado de vómitos, después de haber ingerido setas la noche anterior.
El 2 de noviembre, al empeorar los síntomas, su hijo le trasladó de madrugada al centro de salud de Fuentesaúco, donde se le realizó un electrocardiograma en el que se le detectó taquiarritmia ventricular y se le derivó al servicio de Urgencias de Hospital Virgen de la Concha, en cuya UCI murió 19 días como consecuencia de un proceso de infarto.
El hijo de la fallecida, Alfonso Toribio, que denunció ante el Sacyl que su madre «fue mal diagnosticada, hubo negación de auxilio y no se le proporcionó una ambulancia para el traslado al hospital», prepara ahora una demanda judicial por presunta negligencia médica. Recalca, eso sí, que de la atención en la UCI del Clínico no tiene ninguna queja.
En su respuesta al escrito de denuncia, el gerente de Atención Primaria, Juan Iglesias Matías, lamenta, al igual que todos los sanitarios que intervinieron el proceso, la desfavorable evolución de la paciente, pero niega que hubiera un error médico. «Si bien el diagnóstico final del proceso, a juzgar por lo expresado por el denunciante, era un infarto de evolución fatal, en ninguna de las exploraciones realizadas a lo largo de las intervenciones, excepto en la última en que se apreció una taquiarritmia, existían síntomas ni signos sugerentes de tal patología cardiaca; o al menos no se habían hecho evidentes en las actuaciones que, realizadas en el domicilio de la paciente, podrían adolecer de los medios y condiciones precisos para descartar tal proceso».
Posibilidad de salvación
En el escrito, el hijo de la fallecida se muestra convencido de que lo que tenía la enferma desde el principio «era un amago de infarto, y que cogido a tiempo podría haber tenido posibilidades de salvarse, pero transcurridos tres días infartando esa posibilidad se esfumó».
También hace hincapié en que los tres médicos que visitaron a su madre en su domicilio se centraron en el aparato digestivo, por lo que recetaron una dieta líquida, cuando los otros síntomas que se advirtieron, «náuseas, dolor abdominal y cansancio figuran en cualquier manual médico como síntomas de infarto».
Agrega que «la epigastria, en medicina, está considerada por muchos médicos como síntoma de muchas patologías, pero también como único diagnóstico de la cardiopatía isquémica, sobre todo en personas mayores del sexo femenino».
Según recalca, además, el centro médico, situado a apenas cien metros de la vivienda de la fallecida, está equipado para hacer electrocardiogramas.
En su relato de lo que considera una cadena de errores médicos, Alfonso Toribio denuncia que en su última llamada al centro médico, realizada a media noche, cuatro días después de que su madre empezara a encontrarse mal y cuando la paciente evidenciaba «una disnea verdaderamente severa, literalmente se ahoga en decúbito», el médico de guardia se negó a acudir al domicilio porque ya había estado unas horas antes y la paciente se encontraba bien». «Ahora me doy cuenta de que tenía que haber llamado al cuartelillo para que la llamada de la discordia figurara en el atestado judicial como 'negación de auxilio', como así figurará de todas formas visto el trágico desenlace», señala.
En ese momento, Alfonso Toribio decide trasladar a su madre al hospital de Zamora, «pero en Argujillo me replanteo llevarla a Fuentesaúco, pues lo que necesita es oxígeno, y a lo mejor no llego a Zamora con ella».
A la vista de los resultados del electrocardiograma que se le realiza en esa localidad hacia las tres de la madrugada, el médico dictamina que es necesario el traslado al hospital. En el informe figura que la paciente tiene una taquiarritmia ventricular y una saturación de oxígeno del 74%». Sin embargo, asegura el denunciante, «no le pone a la moribunda ni ambulancia, que está muerta de risa a la puerta del centro, ni UVI móvil, que era lo suyo. Me manda a mí, con una paciente que, según su propio diagnóstico es de muerte».
«Sí hubo ofrecimiento»
Esta afirmación se contradice con la del Sacyl, que asegura que se ofreció el traslado en ambulancia «ante la actitud presionante y descortés del hijo», si bien «tras un diálogo en el que se hace ver que estando estable la paciente no cabe esperar que precise tratamiento durante el desplazamiento y al comentarle al hijo que él no puede ir en la ambulancia acompañándola, se concierta que sea él quien la traslade en su propio vehículo, firmando el parte de atención y recibiendo una copia del mismo».
En el escrito firmado por el gerente de Atención Primaria se reproducen extractos de los informes remitidos por el centro de salud, en los que se hace constar que después de la primera exploración se advirtió tanto a la paciente como a su familia de que debía ser vista a la mañana siguiente por su médico de Atención Primaria, y que en la última llamada se comentó a Toribio que sería conveniente que acercara a la enferma al centro de salud, «donde, con más medios que en el domicilio, se completaría la exploración realizada por la mañana, a lo que el hijo replica que ya vera él lo que hace, si la lleva a Zamora directamente o no».
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