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El Maderal.- Hace unos días, la familia de Dominica López, celebraba el ciento tres cumpleaños de la abuela y se reunían en casa de una de las hijas para homenajear a la centenaria progenitora. Una comida y un ramo de flores hacían emocionar a una Dominica encantada con la presencia de toda su familia. Nueve nietos, catorce bisnietos, y una tataranieta con tres años también participaban en la fiesta de cumpleaños. «Cualquier acontecimiento es bueno para reunirse con la familia», manifestaban sus hijos, y la abuela hace que esto siga sucediendo año tras año, a pesar de que a lo largo de su vida no ha gozado de muy buena salud, «pero aquí está, cumpliendo 103 años».
Sus nietos escuchaban a la abuela los relatos de cómo era la vida de antes, de las penurias que pasaron para criar a sus cinco hijos, del trabajo en el campo con su marido, de cómo vivían entonces con un pequeño huerto, una viña, poquitas tierras, una pareja de vacas y una cabra, que cuidaba un cabrero de día con el resto de cabras de los demás vecinos, todo para ir viviendo, poder comer, y sacar la familia adelante. Historias de campo, hoy en día casi increíbles para muchos de ellos, recuerdos de la fragua de Victoriano, de Dámaso y de su hijo Facundo, donde los agricultores a la caída de la tarde, aguzaban y ponían a punto sus rejas para la jornada siguiente, de cómo se ayudaban unos a otros amartillando las puntas enrojecidas por el fuego, recuerdos de la rebanada de pan y queso con que los herreros obsequiaban a sus parroquianos el día de San Isidro Labrador, y «qué contentos nos poníamos los jóvenes».., decía Dominica a sus bisnietos que le escuchaban el relato como si de los mejores cuentos se tratase, recuerdos de los madrugones de su esposo para apagar el ganado e historias del herraje de las caballerías en el Potro, de todas aquellas costumbres y vivencias de unos años muy duros, distintos a los actuales donde se encuentra recibiendo las atenciones de una de sus hijas con la que vive en El Maderal. En la fiesta de cumpleaños de Dominica no faltó la tarta y el soplido de la centenaria para apagar las velas, y los aplausos de toda una vida dedicada a los suyos, y la felicitación de la alcaldesa Demetria Matías.
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