Esta nueva serie de relatos estará formada por cuatro historias, y, por un epílogo, digamos, “consecuente”. El que sigue es el primer cuento, el cual he escrito a ratos libres durante tres meses, tiempo largo que quiere decir, a pesar de su poca extensión, que el cuento ha sido muy elaborado, y que me ha dado no poco trabajo, aunque sí pocos quebraderos de cabeza ya que yo disfruto escribiendo, si bien parece lo contrario. Su ideario (y el de los otros relatos) tiene poco mérito el adivinarlo. Cada uno usa la jeringa que mejor se adapta a sus intereses, la mía es la de la palabra escrita.
Que nadie se asuste, y los lea como si leyera “Blancanieves y los siete enanitos”, porque creedme si os digo, que desde un punto de vista literario, la realidad siempre supera a la ficción por fuerte que esta última sea, es más, sé de buenas tintas que la ficción siempre camina a la zaga de la realidad.
Si disfrutáis con estas, unas veces lúgubres, otras veces mordaces, y siempre irónicas historias, mejor, que no es así, tampoco pasa nada, pero entonces os recomiendo que leáis “Las noches lúgubres” de Cadalso, neoclásico a quien por esa misma obra un crítico de renombre califica nada menos que de “primer romántico europeo”, no conformándose con denominarlo sólo “primer romántico español”. Tanto la primera aserción como la segunda resulta muy discutible, pero en todo caso digo que cada palo aguante su vela y allá cada uno. Yo, como siempre, estoy abierto a vuestras críticas, sean cardenales o curas.
De todas formas, este cuento primero y sucesivos, tiene y tendrán como destinatario interno a Sancho Panza huérfano, con quien me he hermanado una vez muerto cuerdo su señor Don Quijote. Ya nunca vivirá Sancho con su señor La Arcadia prometida, ambos disfrazados de forma pastoril.
Los cuentos los voy a recoger bajo el título llamativo de… “La otra vertiente de Hipócrates”. Dicho esto, lo de más arriba, y lo que callo, apáguense la luces de la sala, acomódense definitivamente en sus butacas y se levante el telón, que la entrada es gratis y va a empezar la función con el archiconocido… “Érase una vez…”
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Alfonso Toribio
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