El primer apellido de mi abuela Teresa La Vieja, gran matrona de La Villa de El Maderal, es Hernández, de la saga del Dios Celta del Roble Herne, que consideraba a La Dehesa de San Cristóbal y al pueblo de El Maderal cual templo de su Férreo corazón, dispensando parabienes a sus adoradores y Hernias a quienes lo denostaban, capaz de aparecer de un salto en La Guipuzcoana Villa de Hernani, donde sus minas de carbón le aseguraban permanente comunicación con El Más Allá, y tampoco se olvidaba de La Ciudad Alemana de Herne, la importancia de llamarse como Él, donde los Herreros fundían los metales inspirados por tan gran divinidad, mas para bañar su espíritu y embellecer su cuerpo viajaba a Irlanda, donde se le veía chapoteando en El Lago Erne o recorriendo el río del mismo nombre, por donde desagua el lago, hasta que desaparece después de 100 kilómetros de ensueño en La Bahía del Señor de lo Alto, Donegal.
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