Hubo una Diosa Fura o Furia, tan antigua como el enfado que se adueña de alguien, cual si fuese capaz de poder con todo en ese momento, y que no es posible domeñar, como si procediera del Infierno, con la Fuerza de un endemoniado Toro, descendiente del primitivo Uro, cuyo Furor no tiene límites, porque en todo ello está la misteriosa mano del Agua, Ura, quien poseía un ejército de siervas en sus templos llamadas Furcias, Diosas de La Furia, a las que acudían los maridos para apagar el fuego que abrasaba sus entrañas, Furtivamente, pues no era aceptado de buena gana por sus esposas, que odiaban a Las Divinas Furcias con todo su corazón, hasta el extremo de arrastrarlas por los cabellos, cuando las encontraban solas caminando por la ciudad, aunque acciones de ese estilo no honraban a una casa, que podía caer bajo la maldición de La Diosa Furia, y ser arrasada por un inesperado fuego o por un viento infernal.
|