Si fuese cierto que El Universo existió siempre, sin principio ni fin, aunque eso está fuera de nuestra comprensión, entonces no habría habido una madre que lo alumbrase, y sin embargo el enigma de La Maternidad es una metáfora de La Creación, el Espíritu del Huevo, con el color de La Madre para la Yema, el Amarillo, su hijo El Sol dispuesto a proclamarse Rey del Cielo, esclavizando a su progenitora, a la que adora y humilla, contradiciéndose su corazón por haberle otorgado La Vida, mientras descubre que es inseparable de La Muerte, aprendiendo a ser inmortal y a no huir de sí mismo, porque no hay escapatoria.
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