En Oriente, donde La Sabiduría alcanzó cotas muy altas, germinó una semilla venida del Más Allá, y cual un milagro se alzó hasta los cuatro metros, permaneciendo siempre Verde, como los ojos de La Primavera, La Primera Verdad, naciendo del Fuego, La Divina Tea o La Divina Diosa, a quien se honra en una ceremonia en la que se tritura a su hijo, hasta disolverlo en El Agua, su gran madre, para después ser Bebido respetuosamente, como en un círculo donde La Vida sorbe a La Muerte para resucitarla.
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