Antes de echar raíces en La Villa de El Maderal, donde nuestra sangre hebrea competía y se mezclaba con la celta y la romana, dejando constancia a lo largo de los siglos, que en ningún otro lugar de España, e incluso de Europa, se daban tantos Matías en una tierra tan reducida, llegamos a La Galia procedentes de La Galilea de Israel, de ahí el embrollo o galimatías que originó nuestra fama, que no comienza en Palestina, sino antes, en Egipto, atendiendo los cultos de La Diosa Maat, que era nuestra madre, heredando su nombre de generación en generación hasta hoy, fruto de La Divina Hija de Ra, El Sol Creador, que la alumbró para forjar El Orden del Universo, entre las estrellas y entre las gentes, armonizando las estaciones y los espíritus, regulando El Día y La Noche o La Luz y La Oscuridad de los corazones.
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