La Gran Madre Isis, que unos la sueñan oscura como La Noche y otros blanca como La Nieve, pero que es La Luna, creadora y destructora, para que nada se estanque y fluya La Vida, a quien El Dios Ra fecundó con sus deseos y sus pasiones incontenibles, cual poderoso sol egipcio, naciendo Él, una mezcla de ambos, quien durante cuatrocientos años vivió en La Tierra del Nilo, hasta que sintió una inquietante llamada, poniéndose en pie y caminando sin cesar, a través de abrasadora arena y refrescante agua, transformado en un misterioso pueblo, que desde entonces lleva a cuestas el nombre de las tres grandes divinidades, Israel.
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