Cualquier humano es propenso al encantamiento de La Bestia, que en alemán la llaman Tier, con dos divinidades nórdicas capaces de apadrinarla por separado, Tyr, que preside La Justicia con una sola mano, pues la otra se la arrancó el mordisco de un lobo, y Tor, Señor Germano de La Fragua, que pone las almas sobre el yunque y las moldea golpeándolas, sin embargo los anglos nombran a La Bestia Dunce, porque le atribuyen un don divino, aunque éste sea nefasto, o Idiot, pues ven a Dios interviniendo en Ella, deteriorando sus facultades mentales, mientras la lengua árabe, que suspira por El Agua y le ruega clemencia al Sol, la nombra Wahsun.
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