Se podrían contar reyes a centenares, que han vivido y han muerto en La Villa de El Maderal, desde que era un bosque inmenso, con ríos de luz y agua, hasta el día de hoy, pero sólo voy a referirme a las manos y a los pies de un magnífico trepador, que subió El Mayo un número indeterminado de apuestas, la última con sesenta o más años, abrazado a la infinita viga, tal vez de álamo, tal vez de pino o tal vez de negrillo, consciente de su hazaña de escalar El Universo, besar las nubes, hurgar en las estrellas por un instante, y otra vez de vuelta a La Tierra; estoy hablando del Señor Rafael, Lin para quien no comprenda.
|