Nadie sabe cómo es El Otro Mundo, mas se puede intuir por las señales que vienen de Allí, manifestándose en el oro de los ríos, que es arrastrado por El Agua desde su nacimiento, en lo hondo de las montañas, donde se forjan los sueños de La Luna, que son de la esencia del Sol, como el resplandor y la textura del áureo metal, que alumbran apasionadas y oscuras entrañas, fecundadas por El Señor del Cielo en El Más Allá.
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