Hay mujeres que se echan tierra encima, cual si fuesen divinas semillas, aguardando a que alguien, con su amante espíritu, les descubra la ciénaga en la que se zambullen, haciéndolas brotar como flores hermosas y deslumbrantes, librándolas por un instante de perecer en La Oscuridad, a medio camino entre Los Dos Mundos, cual diosas que deambulan por entre las tinieblas del Deseo.
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