Las cataratas del Río Iguazú, a quien da nombre La Diosa Guara, tienen setenta metros de altura, y son un festival de La Naturaleza, arrojando agua sin cesar con la fuerza de mil toros, respirando humo blanco su gigantesco corazón, afluente del Río Paraná, el segundo camino americano de agua más grande después del Amazonas, a quien La Diosa Ana inspira su brava esencia; dos diosas del Agua que unidas forman El Río Guadiana, cuyo cauce aparece y se oculta en La Misteriosa Iberia.
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