Palas era una diosa mediterránea, que en un lance involuntario fue herida de muerte por La Guerrera Griega Atenea, quien se apropió de su nombre y le esculpió una mágica estatua para recordarla, llamada Paladio, palabra que pasó a nombrar el magnífico santuario que albergaba a la diosa y después a las suntuosas mansiones dignas de reyes, que sin pretenderlo invocan a La Malhadada Hija de Tritón, uno de los dioses marinos helenos.
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