El magnífico dios que da nombre a Las Hermosas Belliscas y al Endemoniado Beleño, la planta que embriaga con todo su cuerpo, era adorado en Belén, la pequeña ciudad santa, antes que la eligiera otro gran dios para nacer, Jesús, Encarnación de La Sabiduría, y cuando Se Arma El Belén, es El Divino Guerrero Bel quien se ajusta su inexpugnable armadura, empuñando su espada de oro para defender La Belleza de las embestidas de La Fealdad, que es El Mal.
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