No hay un animal con más gallardía y más apuesto que El Gallo, quien lo mismo se enfrenta a muerte con los de su especie, intentando disputarles su harén, que le planta cara al Hombre, a pesar de su estatura, cual si lo considerara un gran rival, a quien otorgó su nombre El Dios Celta Gal, que se recorría como divinidad de altura La Europa de los galeses, de los galaicos o de los galos, cruzando El Mediterráneo hasta Galilea, Los Altos del Golán o Galatia, la tierra de los gálatas a quienes escribió San Pablo, proclamando entre alejados pueblos su virilidad y su arrojo, de igual naturaleza que su pequeña criatura, que no sólo aparece en La Biblia dejando en mal lugar a San Pedro, sino en las torres de las iglesias, azuzado por El Viento y saludando la llegada del Sol cada amanecer.
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