Imaginad un caballo cuya parte delantera es el torso de un arquero, enfrentado a La Eternidad, entre El Veintidós de Noviembre y El Veintiuno de Diciembre, poseído por La Gloria del Sol, caminando con paso firme hacia El Gran Misterio, y tendréis a las estrellas de Sagitario, El Noveno Zodiaco, apartando con sus brillantes manos las penumbras del Universo y vislumbrando La Luz de La Sabiduría.
|