Camino sobre la inmaculada nieve de La Villa, sintiendo las virginales heridas en mis desnudos pies, cual eterna esencia de La Luna de El Maderal, prestándose a ser atravesada por mi corazón, desvelándome el más grande misterio de este y del otro lado de La Vida, con la emoción de un palpitar que permanecía oculto, produciéndome la sensación de ser parte de su alma derramada.
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