Quien tiene a La Felicidad atrapada en una lámpara, que frota cuando desea del Genio un placer, sin preocuparle sus pensamientos mientras descansa y sueña, es alguien que aún no sabe comunicarse con su corazón, careciendo de sensibilidad con un mundo que desconoce, incapaz de comprender que los ultrajes que le inflige están al alcance de cualquiera, sin darse cuenta que el reloj de arena se termina y no ha atesorado la fuerza suficiente para darle la vuelta.
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