Subid El Teso de Santana desde La Calle del Caño, y os parecerá que andáis por entre los tersos muslos de La Apasionada Diosa, al encuentro de su corazón, y cuando lo presintáis a la altura del Bodegón del Negrillo, deteneos admirando y soñando tamaña angostura, que aún os quedan por alcanzar sus pechos caminando, y su boca, que es la del Diablo, por eso está tan llena de misterio, mas cuando lleguéis junto a sus ojos, apartad sus cabellos, semejantes a árboles frutales, sin olvidaros de besar su enloquecida mirada, que da enigmática suerte y hace sabio a quien se atreve a humedecerla con su deseo.
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