Si deseas conocer a qué sabe El Amor, olvídate de oler las rosas o de paladear la miel, sube con tus manos y pies desnudos la montaña más cercana a tu cielo y a tu infierno, y si no has abandonado la escalada por su inalcanzable cima o porque te lo impuso La Despiadada Muerte, cuando llegues arriba, habrá un toro blanco como la nieve, lleno de ganas de ensartar sus cuernos de oro en tu atormentada alma, mas ahí estás tú, con la sabiduría que te dio tan fatigosa subida, para emular a Manolete, haciéndole ver a la hermosa fiera, que esa cumbre tan inaccesible y tan maravillosa es tu reino, y tu eres su verdadero conquistador.
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