Las ocho estrellas que se mueven inquietas por El Cielo de La Villa, son un lagarto que huía perseguido por el desparpajo y la astucia de Rafaelín, quien lo puso ante un dilema en la oscuridad y estrechez de su hura; tenía que optar entre convertirse en su exquisita cena o formar parte del rosario de escogidas constelaciones, que iluminan durante los doce meses del año El Fabuloso Cielo de El Maderal, y El Lagarto eligió ser uno de los eternos reyes de las noches del Firmamento de La Villa.
|