Todos los cielos inspiran, sobrecogen y maravillan, pero El Cielo de El Maderal además es único, con El Carro Grande recorriendo durante todo el año los siete colores de La Muralla de Alabastro, y El Carro Pequeño haciendo el mismo itinerario sobre sí mismo; los dos cargados con bálago de las mieses del alma de La Villa, y entre ambos El Dragón que se colgó con un hilo de seda en El Teso de Santana, incapaz de soportar una noche, dentro de un círculo de fuego, el pensamiento honesto de Jorge Dos Veces Benito.
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