Los sabios germanos escriben con caracteres llenos de misterio y poder de adivinación, a los que llaman runas, pero mal utilizadas acarrean desgracia, como la S, que semeja un rayo o dos sietes unidos por la cabeza, y que hizo de sus portadores nazis unos terribles monstruos, cuyas podridas almas son repelidas sin compasión por La Divina Muralla de El Maderal.
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