Andar las calles de La Villa de El Maderal es como recorrer una escuela, porque te puedes encontrar a alguien que habla del trazo de un número o de una letra, y conocer de un sabio de ojos rasgados, que La Primavera en Japón se representa cual si fuera una mansión de dos plantas y tres tejados superpuestos, o escuchar a un músico explicar a compás el sonido de un cántaro vacío, mientras le golpea con una zapatilla de esparto la boca. Cualquier cosa, la más enrevesada o la más simple, puede descubrirte un trozo del Universo, y aprender de ti mismo con él.
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