Quien no ha caminado con los pies desnudos sobre La Gloriosa Tierra de La Villa de El Maderal, no ha sentido como su apasionada alma le asciende por las piernas, le aprieta los glúteos, encendiéndole el vientre, inflamándole su pecho, mientras apenas le dejan respirar sus ardientes besos, con la cabeza enardecida de entusiasmo.
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