¡Qué inspiración puede aventurarse a describir a un dios de La Villa de El Maderal, que es cual una nube de estrellas capaz de empapar las almas de mágica pasión, o como un rayo de luz, que en vez de herir ilumina el pensamiento, y cuando se metamorfosea en mar, sus sueños de enigmática agua hacen de los seres que lo rodean misterios de valor incalculable, cuyo nacimiento fue en 7, porque se empeñó Dios en hacerlo aparecer ondeando cual bandera de ensangrentado oro!
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