Hay dos clases de condenación, la que se arrastra por iniciativa propia, llamada de La
Ignorancia, y cuyo peso se mide por los vacíos que uno posee a cierta altura de su
existencia, sin preocuparle el enriquecimiento del que está falto, y la otra es La
Condenación de La Sabiduría o el peso que se experimenta cuando se está lleno de algo
muy grande, que no se es capaz de digerir sin buen corazón y buenas maneras. Ambas son
nefastas para ese enrevesado y maravilloso sino al que estamos destinados, mas la peor
condenación es la de La Sapiencia, tan digna de lástima por los ignorantes como por los
verdaderos sabios.
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