Siete capitanes arguivos acudieron a las siete puertas de Tebas, convencidos de que sus
broncíneos arietes las abrirían y sus deslumbrantes espadas sembrarían el pánico donde
nació Heracles, aunque su sangre no es beocia sino arguiva; mas los siete temerarios no
llegaron a embestir a ninguna de las siete puertas, pues fueron acribillados por lanzas
y flechas tebanas y degollados con afilados cuchillos. Diez años después los primogénitos
de los siete capitanes, tan aguerridos como sus progenitores aunque más poderosos,
acudieron a la inexpugnable muralla de Tebas y arrancando sus siete puertas, penetraron
en su interior, llenando de muerte familias enteras, y quemando la maravillosa ciudad
como venganza.
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