“De todas las montañas que pueblan mi imaginación”, le hablaba Pilatos a unos duendes y unas
hadas, que frecuentaban La Fragua, “hay una que se eleva tan alta, que me da vértigo cuando la
sueño y me produce claustrofobia cuando me introduzco en su interior, sin embargo esos miedos
que me hace sentir cuando la imagino, que es a todas horas, son nada comparados con el temblor
que se apodera de mí cuando estoy en su presencia; mas todo ello no es impedimento para que me
muera por verla”.
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