“¿Quieres saber quien soy?”, agasajaba El Sol a Triana, “pues soy tus maravillosos y
fieros ojos, tus afilados y cortantes labios, tus apuestos y exuberantes pechos, tus
sensuales y mareantes nalgas, el delicioso misterio de tu vientre y tu apasionada y
laberíntica alma. Sí, soy Tu y tu Caballo con Alas”.
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