“La belleza del Mar es tan sublime y los misterios que encierra tan poderosos, se sinceraba
Pilatos con Triana, que si yo tuviera que elegir entre El Viejo Sol y El Mar, no me
inclinaría por unos ojos que abrasan desde hace millones de años, sino por el joven espejo
en el que se mira El Cielo, a no ser que un impulso inexplicable me lo impidiera”.
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