Triana y sus hermanos, Rapadal, Playín y la joven diosa Deltesilla, habían hurgado en las
entrañas del Cahozo Redondo, ocultando su misteriosa pasión a los alcahuetes, con un plateado
castillo, de grises almenas y torres blancas. Dentro, un secreto pasadizo comunicaba con el
alma de una viña, donde las cuatro divinidades, llenas de entusiasmo, le daban calor y otros
cuidados a las delicadas extremidades de cada cepa.
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