Alguien había imaginado una gigantesca roca de jaspe, convertida en un suntuoso palacio, que
estaba ubicado en La Pedrera, entre las alamedas de Triana y de Pilatos. De La Mansión Carmesí
sobresalían siete torres, unidas entre sí por laberínticas escaleras, con patios abiertos al
Cielo, mas sin puerta alguna para entrar, pues quien había soñado El Monumental Templo, lo
hizo para que albergara El Espíritu del Jaspe, y su acceso al interior, había que hacerlo con
misteriosos sortilegios.
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