Era una mágica noche en La Villa, y un caballo con alas al que montaba una supuesta hada
de porte suntuoso, recorría sus empinadas calles cual si hubiera enloquecido, mas alguien
que semejaba un duende, con una brillante espada los mandó parar, mientras el soberbio
corcel levantaba sus manos con aire amenazador; El Aparente Duende, entonces, sin herir
al equino, lo tomó por sus exuberantes crines e invitó a quien podría ser un hada a que
lo siguiera; juntos entraron en La Alameda de Pilatos, y allí, ante un altar hecho de
oropeles y joyas, El Duende se abrió el pecho con la espada, y tomando su rojo corazón
lo puso a los pies del Hada, que comenzó a llorar desconsoladamente por la muerte de
quien le había otorgado su amor de esa terrible manera; enseguida El Hada del Caballo
con Alas empuñó la espada, que yacía ensangrentada junto al bello cadáver y montando a
su airoso corcel, llegó hasta La Alameda de Triana, y allí, incapaz de soportar más el
dolor en su corazón, apagó el brillo de la espada en su blanco seno, dejándose morir,
mientras la sangre le fluía interminable. Fueron estas hermosas muertes las que hicieron
brotar dos manantiales, que se juntan en el centro de El Maderal y que alguien bautizó
como Talanda, el río que nace en dos alamedas a la vez, y que significa talar, cortar,
abrirse el pecho de un tajo; también se cuenta que no fue la sangre de los amantes, sino
los furiosos cascos del Apuesto Corcel Alado, quien hizo brotar en las dos alamedas ambas
fuentes.
|