Se especula mucho sobre un dios al que todos dicen haber visto, pero que nadie está seguro
de reconocer, porque gusta de metamorfosearse, tanto como Pilatos de moldear y bruñir sus
máscaras. Vive al Oeste de La Villa, junto a La Laguna de Las Belliscas, y allí El Dios de
Los Mil Rostros, de nombre Remancebos, se solaza en sus pulcras aguas, inspirándose en su
gigantesco espejo, donde se transfigura a placer. Huidizo y de susto fácil, se había
enzarzado en una disputa con Valdebaños, otro dios más audaz que Remancebos, a quien
pretendía arrojar de la bella laguna. Valdebaños se quitó su volandera capa del color de
la sangre, y tapo con ella al asustadizo Remancebos, quien al verse vestido de encarnado y
bajo una oscuridad agobiante, se zambullía desorientado en los espejos del agua, a punto
de ahogarse. En tan nefasto trance para El Dios Transformista, acertó a pasar Triana a
lomos de su alado corcel, y manejando con destreza su arco, le atravesó a Valdebaños una
pantorrilla, poniéndolo a la defensiva, mientras Remancebos se reponía momentáneamente.
Valdebaños, El Dios de Las Prendas Suntuosas y de Vivos Colores, huyó maldiciendo a La
Arrogante Dama, mientras ésta socorría al vanidoso Remancebos, quien quedó deslumbrado
por la hermosura de La Luna de El Maderal, con el corazón mortalmente herido de Amor.
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