Talanda, el dios desgarrador e imprevisible, había inundado las calles de La Villa y amenazaba
con arrastrar a El Maderal entero hacia Argujillo; mas El Sol y La Luna fueron a tranquilizarlo,
y cuando al fin comprendieron, que había sido un beso de Santana lo que había transtornado su
alma, estuvieron velándolo noche y día, hasta que lograron ahuyentar sus terribles pesadillas.
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