De las dos inmensas almas que habitan El Maderal, una se llama Triana y tiene su grandioso
corazón repartido por entre las bodegas, donde los duendes de La Villa hacen correr su roja sangre,
alimentando sus espíritus con el néctar de la diosa; en frente está Pilatos, que incapaz de
soportar su soledad ha excavado desde su corazón un largo túnel hasta unirlo al de Triana, y todas las
noches va a verla un sol radiante, mientras ella lo espera bajo tierra, hermosa y blanca,
engalanada para él.
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