Pilatos soñaba a cada momento con un afiligranado palacio, de balconadas almenas y cúpulas de
cristal, y en todo los alto una monstruosa gárgola, que mirara para Argujillo, sacando la
lengua. El de ojos de fuego le decía a la de plateada mirada, que entendía de trezar líneas
como las de Gaudí, que se inspirara en los cuentos de Las Mil y Una Noches, y dibujara un
templo de Salomón, con un altar para El Dios Amor, donde sus corazones, cual encendidas velas,
se irían derritiendo, creando una imposible montaña.
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