cabecera villa el maderal
   volver a la portada elmaderal@elmaderal.com conexión al chat de la guareña imprimir página comentarios del autor  
la dama del caballo con alas      de     Carlos López Matías "el filipino"
   
 Libro I volver a la página anterior   
 
NOCHE DE PASION la dama del caballo con alas

El Sol, desesperado y maravillosamente borracho, había arrancado una estrella del Cielo y la había hecho mil pedazos en La Plaza de La Villa, llevándoselos uno por uno a su imperiosa fragua, donde durante largo tiempo los transformó en pasos procesionales, con rostros y cuerpos, capaces de suplicar clemencia y de arrancar compasión. Una embrujada noche, con La Luna vestida de arrogantes velos, preparó unas bestias y salió con ellos hacia El Reventón, subiendo por Raposeras, Portilla de Santiago, La Cofradía, La Reguera, La Alameda de Majavacas, El Griego, Valdelaloba, El Crucero, Remancebos, El Prado de Las Belliscas, Los Pontones, El Cahozo Redondo, La Plana, Valle de Las Peñas, Valle de El Apenal, El Tejo, Las Mansas, Valdeobispo, La Boza, y parando de manera especial en Las Animas, luego por El Alcornoque, Los Cotorrillos, El Calvizo, Valdeladrones, Vitapaja, El Pedruelo, Las Coronas, Calasierna, atravesando La Pradera, mientras se iba cerrando el círculo por La Molinera, Los Taberneros, La Gavia Honda, Las Fuentitas, La Gallina, Los Gavilanes, Los Enamorados, El Torreón, Cruz del Gamonal, Cuesta Grande, La Pericota, El Carpio, Teso de La Horca, La Alameda del Plantío, El Rodeo, La Cañada Travesera, La Alameda de Valdebaños, La Capuchina, Las Catalanas, El Playín, Los Tres Caminos, La Pedrera, Micaelas, Cuadrilleros, La Rodera y entrando a El Maderal por Triana. Este misterioso recorrido, achicando el perímetro de El Maderal, hasta volver al lugar de partida, lo hacía El Místico Herrero una vez al año, mas nunca el mismo día, sino al día siguiente de la última vez. Al comienzo iba el sólo como acompañante de la extraña procesión, pero poco a poco gentes de muy diverso pelaje, fueron sintiendo una devoción inesperada, llegando incluso de los pueblos de alrededor, como costaleros de tan expresivas imágenes, y todo ello para suplicar por los espíritus extraviados.

Carlos López Matías "el filipino"