El Firmamento se caía a pedazos o era que uno de los más poderosos dioses del Olimpo lloraba
trozos de Cielo; pero quizá no era un dios adulto, sino una pequeña divinidad que arrojaba
migas de pan mientras cenaba; mas La Nieve había engalanado de blanca seda a El Maderal, y El
Caballo con Alas, a quien todos llamaban Triana, se paseaba jugando con el traje de novia del
que presumía La Villa.
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