La Diosa Santana estuvo al borde de plantar un beso en los labios del Caballero de la
Forja, que lo hubiera enajenado de manera insospechada; mas antes de que alcazara su
propósito, él la disuadió con estas palabras:
“Yo poseo una espada en el corazón, que flamea cuando Triana, La Diosa Blanca de El
Maderal, se acuerda de ella, y lleva por nombre Pilatos, como el caballero que la porta,
que algún día será ungido Señor de La Luna, y como enamorado herrero que es, lo celebrará
forjando áureos sueños y armando infinidad de carros, con setenta veces siete estrellas y
blancos y negros toros, para batallar contra Argujillo, por todos los agravios que nos
hace, aunque después de que nos haya rendido honores, será perdonado”.
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